Introducción: ¿de qué trata el artículo?

 

Para muchas universidades la internacionalización de la educación todavía es sinónimo de exportación de la educación, desviando la atención de los beneficios educativos de la internacionalización para poner mayor énfasis en los beneficios económicos.

 

Este artículo académico estudia el caso de una Universidad de Reino Unido que ha desarrollado una estrategia de internacionalización basada en las experiencias de los estudiantes. El autor discute algunos de los obstáculos a sortear, para cambiar la cultura universitaria tradicional hacia una cultura internacional y extrae algunas lecciones sobre cómo elaborar una estrategia de internacionalización efectiva.

 

Contexto:

 

La misión tradicional de las universidades ha sido históricamente crear y difundir conocimiento a través de la investigación y la enseñanza. Sucesos como la globalización, han modificado esta concepción tradicional, con un mercado laboral que cada vez demanda más trabajadores que puedan desenvolverse en ambientes internacionales con personas de otras culturas. Actualmente la educación superior es un bien social que permite a los estudiantes tener éxito en el mercado globalizado.

 

Por tanto, las universidades deben facilitar que los estudiantes conozcan distintas realidades sociales y culturales para desarrollarse como seres humanos, transformando el rechazo inicial a lo desconocido en aceptación. El problema es que  “shock cultural”, que permite este proceso de aceptación, no puede darse si los estudiantes locales e internacionales no interactúan. Hay que encontrar estrategias para romper las barreras culturales y fomentar vínculos entre estudiantes de distintos orígenes.

 

 

Estudio de caso de la Universidad de Reino Unido:

 

En los últimos años, a pasar del boom en la internacionalización de la educación, la cultura universitaria ha cambiado muy poco. La vida universitaria sigue girando alrededor del cultivo académico, los deportes y las actividades nocturnas lo que provoca algunas veces la marginalización de los estudiantes internacionales.

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Tras la creación de la figura de Vicerrector para la Internacionalización, la Universidad comenzó a plantearse expandir su estrategia de internacionalización más allá de la exportación. En 2012 la Universidad adoptó un nuevo plan para preparar a los estudiantes para aumentar su empleabilidad y convertirlos en ciudadanos del mundo a través de 5 acciones básicas interconectadas, que facilitan el “shock cultural”:

 

  1. internacionalización del currículo
  2. movilidad internacional
  3. captación de estudiantes internacionales (exportación de la educación)
  4. apoyo a la integración de los estudiantes internacionales
  5. internacionalización de la facultad


 

 

 

Resultados:

 

A continuación vamos a presentar los principales resultados fruto del estudio de caso presentado anteriormente.

 

Lección 1: algunas actividades internacionales educativas  no contribuyen a la internacionalización de la educación

 

La Universidad, en el pasado, había puesto en marcha una serie de programas formativos en el extranjero, bien a través de sedes “franquicias” en otros países  o de manera más esporádica a través de los contactos de profesores de la propia universidad con otros centros de educación superior. Estas actividades, a pesar de ser internacionales, no sumaban desde una perspectiva de internacionalización volcada en la experiencia estudiantil. Tampoco contribuía al desarrollo profesional de los miembros de la facultad porque solo una pequeña élite se beneficiaba de estas oportunidades. Finalmente, la universidad acabó prescindiendo de estas actividades.

 

Lección 2: La internacionalización requiere variedad de nacionalidades en el cuerpo estudiantil, no (necesariamente) más estudiantes internacionales per se

 

Actualmente el mercado de estudiantes internacionales está copado de estudiantes chinos, dispuestos a pagar altas tasas universitarias. Sin embargo, para una mejor experiencia internacional estudiantil es más importante priorizar la variedad de nacionalidades antes que la cantidad de estudiantes internacionales. A corto plazo, la exportación de la educación reporta más beneficios económicos, pero a largo plazo puede traer resultados adversos, con experiencias académicas no satisfactorias. Nueva Zelanda en los cursos académicos 2002-2004 aumentó sustancialmente el número de estudiantes chinos por aula. Sin embargo, al difundirse historias sobre la baja empleabilidad de los estudiantes y sus malos resultados académicos en medios de comunicaciones chinos, el número de estudiantes rápidamente se redujo.

 

Lección 3: El ser humano por naturaleza tiende a agruparse en “tribus”. Juntar distintas tribus para mejorar la internacionalización requiere mucho trabajo duro (y comida).

 

Los grupos de estudiantes gravitamos hacia la gente que se parece a nosotros. Tras analizar los resultados de varios Focus Groups, tres observaciones llaman la atención: primero, los estudiantes que comparten algún interés o pasión que trasciende las barreras culturales se integran mejor, y cuanto más fuera de lo común el interés mayor la integración (por ejemplo, slalom). Segundo, los estudiantes con intereses más comunes y perfiles “medios” tienden a hacer más amigos de sus nacionalidades y les cuesta más entablar relación con los internacionales. Tercero, la comida es un área de interés común de todos los estudiantes. En la Universidad de Reino Unido,  la oficina encargada de fomentar las relaciones sociales entre estudiantes locales e internacionales, tras muchos intentos, descubrió que organizar comidas gratuitas de manera regular para los estudiantes con temáticas variadas era capaz de atraer a estudiantes de distintas nacionalidades y crear una amplia comunidad internacional, que luego les permitió comenzar a organizar actividades de diversa índole.

 

 

Lección 4: los estudiantes que más se podrían beneficiar de la internacionalización son aquellos con menos posibilidades de participar en experiencias internacionales

 

Los intercambios estudiantiles (como por ejemplo, Erasmus+) aumentan mucho la empleabilidad de los estudiantes. Sin embargo, los estudiantes que acaban participando en los programas de movilidad la mayoría de las veces ya tienen una mentalidad más abierta a distintas culturas porque provienen de familias de clase media que se han ocupado de brindarles oportunidades de viajar y aprender idiomas. El impacto de una experiencia de movilidad en la vida de un estudiante proveniente de una familia de clase trabajadora sería mucho mayor, pero por desgracia, la propensión para participar en actividades internacionales y el beneficio para los estudiantes es inversamente proporcional.

 

La propensión y la capacidad para participar en experiencias internacionales también están muy relacionadas. Los padres de un estudiante de clase media, que conocen los beneficios de la internacionalización y tienen capacidad económica para sufragar los estudios de sus hijos en el extranjero no dudarán en mandarlo de Erasmus. Esto raramente ocurrirá en una familia de clase trabajadora.

 

Existe el riesgo de que el énfasis en la internacionalización contribuya a aumentar todavía más la brecha entre estudiantes pobres y ricos si no se toman medidas. La Universidad de Reino Unido en concreto, diseñó una serie de programas de movilidad de corta duración (intercambios, escuelas de verano) combinado con que un sistema de becas para participar en ellos  basadas en la renta de los estudiantes. Gracias a estas medidas los estudiantes de rentas más bajas comenzaron a mostrar mayor interés por la internacionalización y a participar.

 

Cabe señalar que estos programas de corta duración no dejan de ser un premio de consolación para los estudiantes que no tienen recursos para irse de Erasmus. Una escuela de verano no reporta los mismos beneficios que pasar un año estudiando en Alemania.

 

Lección 5: Las universidades son conservadoras, y adoptar la internacionalización es incómodo

La cultura universitaria, con toda su burocracia y política interna forjada en muchas ocasiones a lo largo de siglos es muy difícil de cambiar. Por ello, muchos miembros de la comunidad universitaria ven la internacionalización como una amenaza. Algunos profesores ven a los estudiantes internacionales como estudiantes de segunda: argumentan que no saben hablar bien inglés y particularmente que los estudiantes chinos carecen de razonamiento crítico. Lo que quieren decir, sin embargo, es que los estudiantes no hablan ni piensan como ellos.

Para cambiar la cultura del campus, este artículo propone varias medidas: La primera, dar mucha visibilidad a la internacionalización dentro del Campus (organizando festivales culturales y religiosos). Segundo, fomentar la movilidad internacional del personal académico y administrativo –hará que luego quieran contribuir a la internacionalización en casa-. Tercero, una figura de vicerrector de internacionalización con capacidad de aportar una visión de la internacionalización en todos los ámbitos de gestión de la universidad: finanzas, recursos humanos, investigación, programas formativos. Esto es muy importante porque la internacionalización toca todos los campos: ¿cuántas universidades tienen salas para los musulmanes para rezar, establecen el calendario de exámenes teniendo en cuenta las festividades religiosas, se aseguran de que en las cafeterías se sirva comida apta para todos…?

La internacionalización es un proceso y un cambio de mentalidad, no un proyecto que gestionar hasta su consecución.

 

Referencias bibliográficas

 

Healey, N. M. (2017). Beyond ‘export education’: Aspiring to put students at the heart of a university’s internationalisation strategy. Perspectives: Policy and Practice in Higher Education, 21(4), 119-128.

 

Acceso al artículo

 

Podéis acceder al artículo completo desde este link.